Salvándome
de naufragios que parecen accidente,
de huracanes sin fuego aparente.
Y mientras, lloro y río entre dientes.
Muerdo el polvo de mi cuarto cerrado,
convenciéndome de creerte.
Tal vez sea cierto:
nuestros salvavidas estaban
en mundos direfentes.
Sálvate también,
y piensa que las margaritas
sólo florecen en septiembre.
Contarás nuestra historia,
nuestras risas, y al recordarme
me harás eterna. Para siempre.
Sálvate.
Sálvame salvándote.
Tal vez ese sea
nuestro único aliciente.

Alicia en té...
nuevamente...