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miércoles, 7 de abril de 2010

Si no soy la excepción

Dicen que hay seres únicos. Que son capaces de reir y llorar , de entusiasmar y aburrir, de gritar y callar.Y todo al mismo tiempo. Esos seres únicos se encuentran rodeados de restos, marionetas que caminan acompasadas, sin que sus pasos proclamen nada, rebobinando hacia la nada. Ese nada que inunda sus vidas. Esas vidas que nadan en un mar de nadas.
Siempre pensé que era un Único. No por mi intento constante de luchar contra cualquier ley establecida, sino por aquellos ojos que me observan en mi camino. Aquellos que afirman mis etiquetas, que piden silencio mientras me miran por la mirilla de la puerta. Aquellos que, como yo, dejan de ser cobardes gusanos para convertirse en valientes guerreros, sinceros. Aquellos que también son un Único. Sí, aquellos.
Pero existe algo más. Algo que vuela sobre nuestras únicas cabezas. Algo con lo que nadie juega, y yo no soy, pues conmigo han jugado. Algo de lo que nadie se burla, y yo no soy, pues de mí se han burlado. Algo a lo que nadie daña, y yo no soy, pues a mí me han dañado. Muchas veces. Y otras tantas más.
Y ese algo es la excepción que confirma toda regla. Es aquella a quien convierten de niña a musa sin honestidad ni estrategias, aquella niña caprichosa y egoísta que escupe palabras mal sonantes y cree corregir a eruditos poetas. Aquella niña, fea, tonta, "muy tonta", y, con orgullo diré, perra.

¿Sabes?Me alegra no ser la excepción, porque, aunque no lo sea, lo que está claro es que tampoco soy como el resto.

Y es aquí cuando digo adiós con mi media mueca de chica traviesa.