para saber si el tiempo era necesario.
Dos corazones que se van partiendo en dos,
y entre los dos, los pies se enlazan sollozando.
Dos. Cientos de pedazos de nosotros a nuestro alrededor,
mirando, ingrávidos, ausentes, el panel de la estación.
Solos, con gente, con mucho ruido, pero en silencio,
sin saber si nuestro tren de Madrid llegaría a tiempo.
Tal vez se ponga su mejor vestido para la ocasión.
Tal vez, simplemente, venga deMorado,
y por ello, mucho más enamorado que nunca.
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