"Golpe que se dan las cosas cuando se tropiezan unas con otras".
Y no paro de tropezar. Y de dar besos por dar. Insinuándome con sigilo, penetrando en las almas opacas y vacías del resto de mortales.
Más bien acepto besos que se dan por dar. Sin intenciones. Sin argumentos. Sin pruebas claras de que el juicio sea ganado. Perdiendo el tiempo, y creyendo en soldados sin escudo, aquellos que piensan ser salvados por la confianza y el respeto a los adversarios.
Ellos también están sedientos de honor, y sin escrúpulos también besan para robar tu alma.
Besar por besar.
Abrazar por abrazar.
Y en el orgasmo de un beso, los brazos retuercen el pescuezo. Y grito. Y de nuevo me lamento. Sabiendo que todo está corrompido en mis huesos. Sabiendo, que, entre tropiezos, las piezas de este puzzle dejan cada relato incompleto.
Y de nuevo en el beso de Judas me pierdo.
Y de mi rostro escupo cada uno de tus besos.
De los tuyos. De otros.
De aquel que venga de nuevo.