Y el tiempo me volvió a recordar tu aroma, tu risa. Me volvió a hacer cosquillas mientras te observo, mientras dudo entre todas las formas de darte las buenas noches. Y siempre de la misma manera: cabizbaja y huyendo. Quiero reencontrarme con tus ojos, pero no soy capaz de lanzar una mirada a tu abismo, ni planear un roce inesperado.
A veces creo que sientes lo mismo, que nuestra poesía nunca dejó de componer, pero que el miedo por volver a cometer errores de críos nos aleja, y destruye todas las palabras que queremos decir, pero callamos. Pero sentimos. Pero siempre existirá un pero para no hacer nada. Para que nuestros cuerpos se queden inmóviles, uno frente al otro. En silencio.
Pero sí, me gusta nuestro silencio. Porque en él se esconde tu melodía, esa melodía que reclama mis versos, y que al compás serán capaces de volar, lentamente, hacia un cielo sin pasado, sin tiempo... Sin juegos.
Y si el tiempo te hizo recordar mis besos, susúrrame sonetos después de las 12, para que esta Cenicienta se descalce, amarre entre sus pies tus redes,y cante. Y sea ella misma. Sólo ella. Y deje de hacer de su vida un cuento. Nuestro cuento.
Sueño por siempre incompleto...