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miércoles, 21 de julio de 2010

"Ajedrez de Alicia"

Comenzamos un juego de guerra vestidos de piratas. Creando en cada escaque un poema, y en cada verso una batalla. Mi bandera mis miedos proclama mientras la tuya de azar se disfraza, para esconder tras la tela una calavera blanca.
-Primer movimiento-

Dos rivales que en la cama se disputan el honor o simple fachada. Y entre sábanas me exiges pensamientos, y entre abrazos robas mi alma a través de besos. Tatuando mi cuello. Nos convertimos en gatos salvajes que se enfrentan cuerpo a cuerpo. Arañando irreales momentos.
-Segundo movimiento-

Comienzas a crear tus propias reglas, ilegales en la monotonía y en el tema. Olvidando que este tablero no es más que el reflejo de lo que proyectas: indiferencia puesta en escena. Quieres arrasar con todos mis peones, pues así la destrucción parece más sangrienta. Mientras, la fría y distante reina guarda en la manga el as que acabará con tus falsas promesas.
-Tercer movimiento-

A través del espejo y lo que Alicia encontró allí fue a un niño huérfano jugando a las cartas en cuadros dibujados en el suelo, creyendo ser el caballero rojo del que hablan los cuentos. Rió, relinchó, pataleó y salió corriendo, menguando en forma de cordero. Y es que Alicia se convirtió en princesa blanca del reino, al comprobar que desde que comenzó el juego, todo sería un absurdo sueño.
-Jaque mate-

martes, 30 de marzo de 2010

Mis buenas noches


Y este siempre será mis buenas noches de cada día

miércoles, 10 de marzo de 2010

El sueño de Medea

Medea duerme plácidamente, ocultando en sus cabellos sueños ignorados por la realidad que la rodea. Jasón la mira, la idolatra. Aparta sus rizos de la cara para contemplarla más de cerca, como quien aparta un visillo para observar un espectáculo cristalino tras la ventana. El mar de mis ojos, así la llamaría por siempre, y así le acompañaría en cada batalla. Más fuerte es la guerra al separarle de ella, y más débil se hace el corazón del guerrero. Acaricia su mejilla como si fuese el campo de batalla. Reconoce cada surco de su piel como si él mismo hubiese moldeado esa figura, desnuda, latente, día tras día. Figura con la que él sueña mientras se aleja. Es entonces cuando por fin están unidos, en esos sueños compartidos que hacen a sus almas viajeras del tiempo, y se reencuentran, y se quieren. Y se dispersan. Y quedan en vacío.

Medea despierta con un grito. Siente las sábanas pegadas al sudor de su cuerpo, haciendo de ellas un lindo vestido de raso, en su noche de bodas. Abraza las sábanas fuertemente, intentando hacer un pozo en su pecho, para tapar su corazón herido, pero con dueño. Llora y gime al mismo tiempo. Esta vez la marea alborota sus rizados cabellos, quemándolos con el fuego de su vientre, que enloquece, como volcán en erupción. Saca de la almohada un cuchillo de plata. Se refleja en él, y sonríe. Comienza a cortarse uno a uno cada matojo de su pelo, cayendo a un suelo manchado de sangre. Medea amputó sus sueños antes de dormirse, para que sus senos cayesen en un mar sin horizonte, tiñéndose en el eco de color caoba. El mar de sus ojos se evaporaría, y quedaría impregnado por la aspereza de la piedra pómez.

Tierra roja. Tierra sanguinaria. Tierra consanguinaria.

Tierra abatida donde cae Jasón, en plena lucha. Acuchillado por su enemigo. Y sin esperanza. Sin la existencia de los sueños de su amada. Sin su propia existencia.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Quieta. Observando. Dudando

¿Cuál es el sueño de los que están despiertos?

Quiero de nuevo parar el tiempo, suspirar, desaparecer.

No conforme con el momento que me invade,

con las críticas de tristes hombres, miserables.

Quiero permanecer quieta, sin amagos permanentes,

sin lanzar si quiera una lágrima austera, pertinente.

¿Existen suspiros sinceros en este espacio infinito?

Callan cobardes sonrisas de hipócritas lamentaciones,

errores cometidos por furtivos domadores de caricias,

de gestos que no soportan más contemplaciones.

Mi alma grita agua escarchada de invierno, ardiente,

y calma los interrogantes que remarcan heridas,

preguntas huérfanas, sin patria, sin presente.



lunes, 31 de agosto de 2009

Cenicienta se confunde con mis pasos

Todo quedó debastado.

Todo menos tu ausencia.
Pretendo acoplar mi ignorancia

con algunas hojas secas.

Suspiros de rosas muertas...

A lo lejos, un ciclón viene atemorizado,

ríe y llora por momentos,

suspira y sigue llorando.

Intenté entender el entendimiento,

pero callo, por remordimiento de engaños.

De tu mano, Cenicienta

se acostumbra a ser muñeca de trapo,

quiere arrebatarte sus sueños,

tú le tiras del brazo, y colérico,

aprietas el gatillo...

Disparo.


Alguien se acerca, despacio...

Cenicienta se confunde con mis pasos...