miércoles, 17 de marzo de 2010

Qu´importe?

Llegué al atardecer de un día de Marzo. Parecía que Paris se había disfrazado de primavera, y me impulsaba a correr, saltar, gritar, evadirme. A ir a no sé dónde, a llegar a no sé dónde, a continuar a no sé dónde. Y me encantaba la idea de no tener idea de nada. Me centraba en el hecho de "estar", el resto no importaba.
Elegí la silla más solitaria de Tuileries para sentarme. Cerca de un pequeño estanque olvidado, donde sólo dos patos se daban compañía, aunque les faltó tiempo para echar a volar... y dejarme sola, pensando. Observando. Sintiendo. Alrededor mío el mundo seguía girando: Los niños jugaban al escondite, los abuelos paseaban leyendo el periódico... todo en perfecta armonía.
Pero ahí estaba yo, sentada en mi silla, intentando descifrar los enigmas de la vida, creyendo penetrar en la mente de la gente, para poder comprender sus vagos corazones, y dándome cuenta de que más difícil era comprender el mío propio. Comprender mi propio destino, mi desatino, intentando llegar a una vaga conclusión.

Me levanté con furia y decepción. Nada tenía sentido en este mundo grotesto y egoísta. Creemos que al caminar vamos construyendo rutas y senderos y en realidad sólo construimos amplias avenidas, sí, hermosas, pero altivas, sin siquiera tocarse unas con otras. Queremos ser grandes, y nos damos cuenta de lo pequeño que es nuestro ser en este mundo de avaricia donde nada importa. Porque somos insignificantes. Como cada insignificante palabra que escribo.

martes, 16 de marzo de 2010

locura por pleonasmo

Paris te envuelve
con el recuerdo de Madrid.
Has robado su belleza
y te has disfrazado con sus luces.
De eso has sido capaz,
de brillar más que esta ciudad,
de que tu arte abra mi puerta
hacia no sé dónde
pero hondo y lejos.
Has sido capaz de quedarte mudo
y que los gusanos me comiesen por dentro
añorando un suspiro tuyo,
un roce inesperado,
un hasta luego.
Paris pretende convertirse,
dentro de poco, en madrileño,
para sentirte a su lado.
Para ser, por momentos, su dueño.
Sí, vuelvo antes de que me nombres,
para mecer entre tus manos mis pies torpes,
y mirarnos sin tener que decir nada.
Mirándonos, sintiéndonos. Eso basta.
Dime que sientes lo mismo,
y abriré mis amplias alas,
saltaré por mi ventana
para estar allí, contigo,
y tropezar nuevamente por tu camino.


Y es que estuve hablando con esa niña que, aún teniendo miedo a las alturas, le encantaba cerrar los ojos y cometer locuras.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El sueño de Medea

Medea duerme plácidamente, ocultando en sus cabellos sueños ignorados por la realidad que la rodea. Jasón la mira, la idolatra. Aparta sus rizos de la cara para contemplarla más de cerca, como quien aparta un visillo para observar un espectáculo cristalino tras la ventana. El mar de mis ojos, así la llamaría por siempre, y así le acompañaría en cada batalla. Más fuerte es la guerra al separarle de ella, y más débil se hace el corazón del guerrero. Acaricia su mejilla como si fuese el campo de batalla. Reconoce cada surco de su piel como si él mismo hubiese moldeado esa figura, desnuda, latente, día tras día. Figura con la que él sueña mientras se aleja. Es entonces cuando por fin están unidos, en esos sueños compartidos que hacen a sus almas viajeras del tiempo, y se reencuentran, y se quieren. Y se dispersan. Y quedan en vacío.

Medea despierta con un grito. Siente las sábanas pegadas al sudor de su cuerpo, haciendo de ellas un lindo vestido de raso, en su noche de bodas. Abraza las sábanas fuertemente, intentando hacer un pozo en su pecho, para tapar su corazón herido, pero con dueño. Llora y gime al mismo tiempo. Esta vez la marea alborota sus rizados cabellos, quemándolos con el fuego de su vientre, que enloquece, como volcán en erupción. Saca de la almohada un cuchillo de plata. Se refleja en él, y sonríe. Comienza a cortarse uno a uno cada matojo de su pelo, cayendo a un suelo manchado de sangre. Medea amputó sus sueños antes de dormirse, para que sus senos cayesen en un mar sin horizonte, tiñéndose en el eco de color caoba. El mar de sus ojos se evaporaría, y quedaría impregnado por la aspereza de la piedra pómez.

Tierra roja. Tierra sanguinaria. Tierra consanguinaria.

Tierra abatida donde cae Jasón, en plena lucha. Acuchillado por su enemigo. Y sin esperanza. Sin la existencia de los sueños de su amada. Sin su propia existencia.


martes, 9 de marzo de 2010

Nuevo amanecer

Esta vez cambiaste el mar por un espectáculo de nieve en mi ventana, al amanecer del día, al amanecer de un pasado casi olvidado, fugaz. Me sentí extranjera entre tus brazos, y volví a perderme en el flash de tus ojos, tímidos... intensos. Recorrí tu cuerpo como tantas veces llegué a soñar, tumbada en la arena, en tu sal, inocente.
Volví a tropezar por tu camino, en una espiral de ilusiones de la que no sé si quiero salir. Volvimos donde todo pareció quedar perdido, donde tal vez nos volvimos a encontrar demasiado pronto, o demasiado tarde... pero encontrándonos y descubriéndonos nuevamente.
Esta vez no quiero fustigar al tiempo, quiero que vuele, sin prisas, paso a paso... sin preocupaciones, siendo ese ciclón perdido en tu oleaje, en tus emociones, en todo aquello que te hace gritar, y te calla.
Quiero volver a hacerte estremecer con mi mirada azul sincera, regalarte mi sonrisa de niña traviesa, susurrarte toda mi ideología sobre la vida alocada, guerrera.
Pero siempre en bajito, como siempre. Como antes.


Imagen de la artista Gloria Scharetg

jueves, 11 de febrero de 2010

el silencio da un portazo...

A veces se callan las palabras para no querer decir perdón, o querer oír un lo siento.
A veces, sólo a veces, damos portazos contra la ignorancia de quien los escucha, y así creemos que nuestra furia se escapa, y simplemente se contiene. Un lágrima cae de quien intenta hacerse amigo de la puerta, mientras espera a que la abras, impaciente.
Siempre duele el silencio cuando no es bienvenido, siempre duele si quien lo pronuncia es tu doble alma, tu color verde azucena, tu tesoro perdido.
Yo sólo aprendí a hablar con los dedos, a dejarme arrastrar por este corazón ametrallado tantas veces.
Tal vez la amistad hoy no aplauda la función de las palabras. Si es así me convertiré, nuevamente, en triste mimo y callaré por siempre.

martes, 9 de febrero de 2010

Y si te olvidaste de mis manos

Y si te olvidaste de mis manos
te escribiré con la tinta de mis huesos
que recuerdan esos años olvidados
en que parecíamos héroes de acero.
Tú, ángel desbocado
que intercambiaba mentiras con besos
y entre nubes de algodón
se estremecieron los cuerpos,
fusionamos errores con aciertos.

Llamaríamos pasión
a quien calla en silencio.

Ahora eres mi ángel peregrino
quien me canta al oído
claveles de un sol perdido,
quien vuela alto, libre, erguido.
Quien, tal vez, no mira al pasado
por no encontrar su corazón herido.

Y si te olvidaste de mis manos
seré yo quien te ahorque con mis brazos
para sentirte por siempre, diminuto, inmenso.
Y recordarte
que mis recuerdos firman con tu aire
y que en mi nombre también se esconde
la figura de un ángel.



Porque una vez vi pasar un ángel...

martes, 5 de enero de 2010

Everything is gonna be all right?

Everything is gonna be all right,

on the way of happines

I won't cry,

I would smile in case I fall,

in case I want to die.

Myself, and I.

We argue between true or false,

death or life,

and between the line

that cross my heart

sometimes I feel fine.

Sometimes, I try to smile.

You break the ideas of plans,

the good choices I want to have,

You breaj what is broken enought.

And after that

you persuade me saying

`everything is gonna be all right`.