domingo, 7 de agosto de 2011

De seis a cero

Hoy.
Cuando todo se tambalea a mi alrededor,
cuando el tiempo se convierte en rana,
y salta de nenúfar en nenúfar.

Hoy,
cuando un seis se convierte en cero,
y entre tropiezos cruzo los dedos.
Cuando todo se vuelve pequeño.

Lo confieso:
A veces lloro y río por momentos.

Cuántas veces Ismael me cantará:
"¿qué harás haciendo?".

Si soy una madeja
que deja que la lleve el viento,
y me pruebo nuevos sentimientos
por esconder los que me matan por dentro.

Hoy,
que piensa en tantos recuerdos
llenos de ayeres que vuelan...
llenos de vértigos,
lejos...

domingo, 17 de julio de 2011

El sueño de René


Yo también dudé entre pintar o descubrir.
Mil bocetos acuchillados
de los que vuelve a salir gouttelette.
Mil aullidos desbocados que esconder.
René también tuvo ese sueño:
Pájaros que se posan en narices ajenas
para esconder tantas mentiras,
a u s t e r a s, (hipotéticas).
No. Soñó simplemente porque creía en los sueños,
porque creía en el misterio de esconder nada,
de que el descubrimiento fuera lo sospechoso
y que detrás de los ojos existen manzanas,
ácidos óleos que esconden las palabras.

Insinuación.
Insinuación.
Insinuación.
C o n f l i c t o.
Reacción.

domingo, 12 de junio de 2011

Alicia en té

Salvándome
de naufragios que parecen accidente,
de huracanes sin fuego aparente.
Y mientras, lloro y río entre dientes.

Muerdo el polvo de mi cuarto cerrado,
convenciéndome de creerte.
Tal vez sea cierto:
nuestros salvavidas estaban
en mundos direfentes.

Sálvate también,
y piensa que las margaritas
sólo florecen en septiembre.

Contarás nuestra historia,
nuestras risas, y al recordarme
me harás eterna. Para siempre.

Sálvate.
Sálvame salvándote.
Tal vez ese sea
nuestro único aliciente.

Alicia en té...
nuevamente...

lunes, 25 de abril de 2011

El olor de las hortalizas

Dame tu mano, y yo te prestaré mis inexperimentados ojos,
para que tu corazón siga volando sin miedos.
Te acercaré al olor de las hortalizas,
para que el campo perfume tus inquietudes,
y que tus sueños vuelvan a ser parte de tu camino.
Será mi corazón el que guíe al tuyo si se pierde,
si la debilidad de los años te pesan cada vez más.
Rezaré y suplicaré a los dioses en los que a veces creo
para que te salven de ese espacio oscuro en el que te encuentras
y vuelvas a nuestro lado para siempre.
Seré la música que necesitas para tus oídos,
te cantaré las canciones inéditas que antaño me enseñaste
y te leeré, como dice la canción, aquellos cuentos para dormirte.
Aquellos cuentos, abuelo, donde siempre fuimos y seremos
los protagonistas.



jueves, 7 de abril de 2011

De enamorados

Haciendo girar las dos manecillas del reloj,
para saber si el tiempo era necesario.
Dos corazones que se van partiendo en dos,
y entre los dos, los pies se enlazan sollozando.

Dos. Cientos de pedazos de nosotros a nuestro alrededor,
mirando, ingrávidos, ausentes, el panel de la estación.
Solos, con gente, con mucho ruido, pero en silencio,
sin saber si nuestro tren de Madrid llegaría a tiempo.

Tal vez se ponga su mejor vestido para la ocasión.
Tal vez, simplemente, venga deMorado,
y por ello, mucho más enamorado que nunca.

domingo, 6 de marzo de 2011

Truco o trato

Un portazo.
Cientos de golpes a la espalda.
Un alma destrozada.
Mi infancia de contrabando.
No hubo calma.
Cigarrillos de nostalgia
que reclaman un segundo,
un disparo.
Me adelanto a tu mano
y mis ojos gritan sollozando,
ser, creer, soñar, seguir creando.
Seguir siendo, sin más,
seguir siendo libre...
y caigo.
Y en carnaval me delato,
muestro mi ser en enaguas,
mi aliento como monólogo apagado.
Vuelven recuerdos a mi ventana,
perdones obligados,
sexo, reencor, pedazos.
Gritos, llantos...
y callo.
(Labios agrietados que reclaman un pasado)

jueves, 27 de enero de 2011

C´est notre chanson


Yo ya sabía que tu ternura era un lugar seguro
cuando tu cuarto se vistió de pétalos y velas,
y tu cuerpo, en silencio, me cantaba al oído:
refúgiate en mi castillo, Elena.

Fuiste capaz de cambiar septiembre por noviembre,
de hacer callar los maullidos pasados,
de alojarme en tu tejado para disfrutar
de un vértigo incontrolable en el estómago.

Poco a poco me dejaste entrar en tu mundo,
donde siempre somos caprichos de Madrid...
Y entre abrazos y besos de arácnidos
comenzaste a cerrar mi cicatriz.

Tú.
Mi universo.
Mi aire y mi tiempo.
De la dama, mi caballero.
Mis sueños de un hombre despierto.
Mi treinta y seis...


... Mi dueño.